Soy de la época del atari y la comodore. Mi primera máquina de juegos fue la del comecocos. La segunda la de la rana que cruzaba la carretera y después unos troncos y podía morir attropellada o ahogada según tu destreza.
Con ocho años me regalaron un Amstrand, en aquella época era lo más de lo más, pero un juego tardaba en cargar unos.... diez minutos de reloj casio. Lo bueno es que también podías crear tus propios juegos mediante la programación, y para aprender a programar te regalaban un libro muy tocho, pero muy útil.
En mi infacia todo era a lo grande. El walkman era grande. Los ordendores eran grandes. Los "radiocasetes" eran enormes. Los videos... los videos eran sobretodo, gordos. Los relojes, las gafas de sol... incluso la ropa que te compraba tu madre, porque así te duraba más. O eso pensó la mía durante un corto periodo de tiempo en el que volvía del parque además de con la ropa grande, rota.
Recuerdo que una vez, de pequeña, pensaba en lo increible que sería poder comunicarme a través de mi ordenador con otra persona, de otra parte del mundo, Pensaba en si se podría hacer algún día, si existiría la manera... y mira por donde, la había. Mi problema siempre ha sido no profundizar en mis ideas, pero es que a veces se me ocurren cosas tan raras que, o bien, vengo de otro mundo, o soy un poco fantasiosa... aunque preferiría escribir fantástica.
Haciendo un ligero repaso de mis 30, mi mente siempre se va a aquella etapa de mi vida, a la de mi niñez. Supongo que fui muy feliz, y digo supongo porque a pesar de que tuve todos los caprichos que quise y más, también recuerdo momentos duros a los que creo que no le doy tanta importancia y por eso pesan menos en mi memoria.
No se si cuando cumpla el medio siglo, los recuerdos más importantes sigan siendo los de mi niñez. Pero si me muriera hoy, ahora mismo, me moriría siendo la niña de ayer.

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